fredag 15 juli 2011

Inframundo

La estación del Clot se merece un reconocimiento internacional. Es la estación más fea del mundo. Un agujero en el inframundo del ferrocarril y las cloacas de Barcelona.

Y allí, plantado detrás de un mostrador, la única criatura viviente de este ecosistema. Un funcionario de Renfe. Calvo, gordo, más blanco que Copito de nieve (aunque tienen un parecido muy razonable). Detrás de sus gafas mohosas se esconde la mirada de lo que fue un hombre.

Delante de su mostrador se acumula una cola de personas resoplando e insultando a todo el árbol genealógico de nuestro querido funcionario. Cada cliente pasa un calvario interminable para conseguir comprar un billete.

Le pides el billete. Él responde preguntando si estás seguro de tu destino. Afirmación. Teclea el código y en la pantalla del ordenador le aparecen los datos. Pasa el dedo por cada casilla del formulario que tiene en el monitor. No entiendo porque cojones lo hace si la pantalla no es táctil. Confirma el billete. Repite el ritual de pasar su dedito rechoncho por la pantalla. Además lo hace con balanceo lento de atrás hacia adelante, como para coger impulso. Las ganas de tirarle un ladrillo a la vitrina que lo separa del mundo real crecen. La lentitud se acentúa. Mierda de funcionario. Lleva años trabajando allí. Millones de personas en el paro, y un puto inútil chupando del bote.

Habitualmente para comprar un billete se necesitan unos 30 segundos. Él necesita 3 minutos. No exagero, básicamente porque lo he cronometrado. Así que en una cola de 10 personas, se pierde un total de 137 minutos (Sólo el último de la fila ya pierde 25 minutos esperando en comparación con otros taquilleros). Deberían restarle del sueldo todo el tiempo que hace perder a la gente.

El día que lo vea envuelto en cartones en el banco de un parque, me iré satisfecho a casa pensando que el mundo tiene solución. Soy un soñador. Al menos me queda el consuelo de que el tipo trabaja muy cerquita de las ratas y de la mierda que todos los ciudadanos cagan cada día. En la estación más fea del mundo.


Nota al pie: Hoy no estoy especialmente lúcido. Es el precio de una noche de locura alcohólica que ha acabado con una visión desoladora. Un amigo sentado en la taza del váter vomitando sobre su pene. Da asco, ¿verdad? Me voy demasiado por las ramas de la ordinariez. Pero es bonito acabar así para convenceros que es peor ser un inútil que un guarro.

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