Me gustan los bares cutres. Nada de falsas apariencias. Locales auténticos donde las cucarachas se sienten igual de atraídas que las personas. En los bares lujosos nunca pasa nada especial. En los antros siempre hay sorpresas. Un yonki que quiere ir al baño, un mendigo que vende altavoces para ordenador, un ludópata que pide cambio enfadado. Personajes que se van rotando delante de tu cara de sorpresa. Me encantan los bares cutres.
Y hoy volviendo de un bar cutre, se ha puesto a diluviar. Me he solidarizado con la meteorología y he meado enfrente de la sucursal de un banco. Me daba más miedo que me partiera un rayo, que ver un coche patrulla de la policía. Qué desastre. He bebido demasiado ron. Y lo he mezclado con una mierda que se llama hidromiel. Parece una infusión con caramelos halls, pero no lo es. Es una bebida alcohólica que me ha hecho tambalear hasta la cama.
Aunque parezca mentira he escrito de nuevo. No sé lo que escribo. Pero seguramente el lector tampoco sabe qué lee. Lo dejamos en un empate técnico.
tisdag 12 juli 2011
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